Parasitar

En una conversación reciente un compañero utilizó la palabra “parasitar” en relación con una determinada idea o proyecto. Puede que fruto de la edad, o de la tendencia a la corrección lingüística que se presume de todo jurista, este verbo, cuyo sentido desde luego no se me escapa, me resultaba incómodo e incluso manifiestamente incorrecto en tal uso. Así que, como en estos casos me suele suceder, el término me ha perseguido incansable día y noche y me ha obligado a visitar el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

Y hete aquí, que el uso no era correcto sino correctísimo. Resulta que parasitar no sólo es un término propio de la biología, -utilizar como alimento a otro ser vivo sin llegar a matarlo-, sino también «aprovecharse de las ideas de otra persona», Inmediatamente pensé que se trataba de un anglicismo, una importación. Y ni corto ni perezoso busque en Word Reference. Allí la cosa se definía como “to infest or infect with parasites” o bien “to live on (another organism) as a parasite”. Definición que por cierto es coincidente con la de Webster y muy parecidas ambas a la de Oxford Dictionaries (Infest or exploit (an organism or part) as a parasite). Hay que buscar “to parasitize slang” para llegar al prometedor y desternillante Urban Dictionary y encontrarse con definiciones de parásito como «a member of the royal family who lives off the taxpayer whilst giving little in return except for opening a few hospitals and shaking a few hands», o la más lógica de «some one who sponges everything out of you even your last breath given have the chance».

Sin embargo, hay dos cosas que sorprenden del diccionario de la RAE. La primera es el acogimiento formal de un uso coloquial, lo que dice mucho en favor de nuestros académicos. La segunda que parásito, y parasitar no sean una misma cosa ya que mientras que el parásito es una persona que vive a costa ajena, parasitar comporta aprovecharse de ideas. Y ello, hace pensar en hasta qué punto se trata de un comportamiento bien identificado en nuestra sociedad como para merecer una entrada de contornos tan precisos.

Lo cierto es que en según en qué mundos parasitar constituye una necesaria adaptación evolutiva para el mediocre astuto, o si me permiten esta excursión idiomática de hoy el “furbo”. Esta expresión italiana va un paso más allá de la astucia, aunque siempre dentro de su campo, y se refiere a la característica de aquellos que en la vida saben conducirse hábilmente sin vergüenza o alcanzar sus propios fines, evitando cuidadosamente las trampas y recurriendo a procedimientos ingeniosos.

Así que es muy probable que Vd. deba evitar que le parasiten, y descuide que para ello no hay como con los piojos rapado que valga, es probable que le toque adoptar medidas preventivas y desde luego hablar muy claro, vaya ¡avinagrarse!, que sólo al ácido temen estos bichos. Por tanto, no se asombre Vd. si de repente encuentra en su mundo amigos de lo ajeno que le plagian enterito un artículo y, ya sea acudiendo a la llamada cita intertextual, o directamente en ejercicio de la sacrosanta libertad de compartirlo todo, se apropien de su esfuerzo y por tanto de su imagen. Y no lo olviden, la apariencia será inmejorable, y los lectores de nuestro ectoparásito de la familia de los áfidos, creerán a pies juntillas estar leyendo al huésped.

Hay algunos parásitos, gregarios o sociales como las hormigas o las termitas. Cuídese Vd. de compartir ideas con uno de éstos cuando es hormiga reina y dispone de infraestructura. Si comete la imprudencia de compartir la suficiente información descubrirá en poco tiempo, lo condenadamente buena que era su fabulación, lo bonita que ha quedado y lo mucho que le rinde… al otro claro. En algunas de sus versiones estos seres solo parasitan en el tránsito a la vida adulta, pero vaya con cuidado puede que en sus genes se encuentre el matar al huésped.

A veces, cuando el parásito se inserta en el tejido social de una organización no puede sino generar una enfermedad. El problema es que si Vd. tiene la desgracia de convivir con el género de los protozoos, por lo que tengo leído a base de Google, es muy posible que no le genere inmunidad. Así que ni a Vd. nada le evita la siguiente infección, ni existe una vacuna que permita a otros combatir posibles infecciones.

Pero seamos humildes, los parásitos como Vd. y como yo no son sino el resultado de 1500 millones de años de evolución tras la simbiosis de las primeras eucariotas. Desgraciadamente desconozco si se ha trabajado en la etología del humano parásito. Habrá que documentarse.