Ser padres en internet

Texto de intervención en la Jornada sobre el ejercicio de la Patria Potestad en Internet.

Orange-APEP (20/11/2013)

Educar constituye sin duda uno de los mayores esfuerzos a los que se enfrenta el ser humano en la edad adulta. Vivimos una sociedad compleja y rica en oportunidades en la que la iniciativa, la creatividad y los valores democráticos vertebran también el ritmo interno de las familias. La patria potestad ya no se concibe al modo de la Antigua Roma. Basta con remontarnos a la generación de nuestros abuelos para identificar al tradicional Pater Familias dotado de poderes plenipotenciarios cuya autoridad resultaba indiscutible.

En nuestra sociedad la patria potestad ya no admite una lectura en términos de poder sino de responsabilidad. Nos corresponde promover un desarrollo integral del menor dotándole de valores positivos que canalicen su evolución hasta convertirle en un adulto responsable, tolerante, respetuoso con los demás y amante de los valores que inspiran una convivencia democrática. Y esta labor se inserta en una sociedad tecnológicamente avanzada en la que el mundo físico y el virtual interaccionan sin solución de continuidad. Frente a Internet ya no sirven las viejas recetas del miedo al riesgo, el control y la prohibición. Por otra parte, la vieja cantinela del nativo digital que por nacimiento sabe más que sus padres salvo en casos de grave exclusión digital carece de sentido y justificación.jornada

No defiendo excluir el riesgo como aspecto que deba aprenderse, pero lo patológico no puede ser el único enfoque sino parte de un modo global y positivo de entender internet. Los padres no pueden ser únicamente controladores, no pueden ser sólo quienes vetan o prohíben, deben hacer del diálogo y la mediación una herramienta esencial. Deben navegar con sus hijos en la enorme aventura de explorar ese océano que es Internet.  

En el proceso de educar en internet no debemos estar solos, existen otros agentes que deben acompañarnos. El primero de ellos es la escuela. Si bien es cierto que educar es nuestra responsabilidad primaria, no lo es menos que aspectos esenciales para la convivencia se refuerzan en el marco de la actividad escolar. Es hora de que la educación en el uso de internet sea considerada transversal o monográficamente en los currículums escolares desde la educación primaria hasta la superior. Y no se trata sólo de una cuestión de riesgo sino, sobre todo de oportunidad. ¿Serán capaces nuestros menores como los escandinavos a los que tanto miramos de ser líderes en internet? ¿Somos capaces en una época de crisis de aprovechar los terabytes de información educativa gratuita y de calidad disponible? ¿Aprenderán nuestros menores a generar su identidad digital y convertirla en una oportunidad de crecimiento personal, social y económico?

La propia industria de Internet debe asumir su responsabilidad en esta materia. Los programas de responsabilidad social corporativa, -como Bavega Seguro de Orange o la Comisión de Menores de la Asociación Profesional Española de Privacidad y-, deben abordar esta cuestión. Pero además, la protección y la educación del menor deben estar presentes en el código con el que se programan las aplicaciones. La sociedad, y sobre todo los padres, necesitamos un sello de confianza que  nos permita identificar a los proveedores de servicios, contenidos y aplicaciones que se preocupan de nuestros niños y niñas. 

Además, la educación en internet no sólo debe contemplar al menor víctima. Cada día desayunamos con noticias en las que el menor es agente activo de graves conductas en internet. Como sociedad no resulta edificante descubrir que un porcentaje significativo de nuestros adolescentes podría usar el móvil y sus aplicaciones, el robo de contraseñas o la publicación de fotos de sus parejas en internet como modo inconsciente de ejercer violencia de género. Pero lo realmente grave es que el estudio de la Complutense presentado por el Ministerio de Sanidad muestra cómo esos valores que desprecian a la mujer pueden haberse adquirido en el hogar familiar.

Por último, de entre esos valores para una adecuada educación en internet existe uno que juega un papel destacado: la privacidad. Este derecho entendido como la capacidad de asegurar una adecuada gestión de nuestra información personal incorpora dos barreras de protección. Primero, debe permitir proteger al menor frente a agresiones externas preservando su identidad. Asimismo debe protegerlo frente a todo tipo de manipulaciones basadas en el uso de su información y en el análisis de su comportamiento. Pero a la vez es una barrera que se irá levantando progresivamente frente a los propios padres a medida que el menor madure garantizándole un espacio de libertad en el que crecer y afirmar su identidad y su personalidad.

Los controles parentales no pueden durar siempre. Ejercer la patria potestad de modo responsable en internet es pues una tarea difícil y apasionante a la vez, nos obliga a aprender y a crecer junto con nuestros hijos, nos obliga a ser capaces de ejercer un férreo control en ciertas etapas pero también a dejarles volar fuera del nido. Los niños nunca vinieron con manual de instrucciones, los niños digitales tampoco y no lo olviden los manuales de los instrumentos digitales son los únicos cuyo volumen es mayor que el propio aparato.