Hacer bromas con niños en TV.

Históricamente los programas con videos caseros amenizaron nuestras noches de televisión. Son un producto barato y con decenas de voluntarios dispuestos a ponerse en ridículo, o a exponer a terceros víctimas involuntarias de la fortuna de un videoaficionado. En este blog, y en más de un medio de comunicación se han examinado los casos de exposición de menores en internet. Muy recientemente el Diario El Mundo de la Comunidad Valenciana publicaba un artículo con el título «Festivales de fin de curso: ¿Debe permitirse hacer fotos?». Mucho más interesante que el texto de la excelente Noa dela Torre, son algunos de los comentarios publicados por los lectores y que reproducimos aquí respetando la ortografía original:

  • «Si tengo que pedir permiso a todos los padres, viviria solo para pedir permiso…, ridiculas leyes».

  • «No hay nada más importante en lo que perder el tiempo en este país».

  • «Qe tiempos en lo q normal era ver fotos de cuando eramos bebes en la bañera. Hoy por hoy meterían a todas nustras abuelitas en la cárcel».

Llegados a este punto uno puede considerar que los expertos en privacidad sacamos las cosas de quicio sin otro objetivo que el de alarmar a la población con una cuestión absolutamente intrascendente o banal. Y debe serlo cuando hoy en #Zapeando418 someten a concurso tres videos uno de los cuales pertenece al para mi desconocido, aunque absolutamente famoso, niño de la salchipapa. Resulta que el personaje en cuestión ha sido titular de prensa en medios colombianos, y recogido en España por ejemplo en europapress y “El Confidencial”.

El video en cuestión que por decencia no enlazaré, consiste en un menor que recita caribeñamente un “me comí una salchipapa uy que cosa tan sabrosa”, con la única vestimenta de unos calzones por encima del ombligo mientras baila luciendo significativas lorzas. No es la grabación de los pucheros de un tierno bebe, no es un video emotivo, ni enternecedor. Se trata de una imagen dolorosamente ridícula, sencillamente de vergüenza ajena. Incluso hay un segundo intento, ahora con alguien que perece ser su hermano.

Este tipo de uso de la imagen de un menor plantea interrogantes de todo tipo. Puesto que el menor es de otro país, animo a los expertos colombianos a reflexionar sobre esta cuestión. En España, la teoría dice que la exposición de un menor en los medios está sujeta a reglas. En esto resulta significativa la reforma de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor operada por la Ley Orgánica 8/2015, de 22 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia. Esta norma se ha preocupado de definir con mucha precisión el interés superior del menor. En efecto su artículo 2 señala que todo «menor tiene derecho a que su interés superior sea valorado y considerado como primordial en todas las acciones y decisiones que le conciernan, tanto en el ámbito público como privado». Uno de los valores que inspiran este interés es el de la preservación de la identidad.

El viejo artículo 4 de la Ley Orgánica 1/1996, ha mantenido su texto. Y en él se señalaba que los menores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Sin embargo lo verdaderamente determinante es el párrafo tercero:

«3. Se considera intromisión ilegítima en el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen del menor, cualquier utilización de su imagen o su nombre en los medios de comunicación que pueda implicar menoscabo de su honra o reputación, o que sea contraria a sus intereses incluso si consta el consentimiento del menor o de sus representantes legales».

¿Es posible que quien dirige un programa como Zapeando, trending topic día tras día en Twitter, no se haya planteado esta cuestión ni por un momento? ¿Qué tiene de edificante que cuatro de sus cinco simpáticos y aparentemente progres presentadores consideren que es merecedor pasar a la final de un concurso? ¿En qué beneficia a los intereses del menor esta aparición?

El programa, y sus presentadores, no han sido especialmente crueles. Pero seamos honestos querido lector, se trata de que el espectador se ría “con”, al menos espero que no “de”, un freak de 12 años, encantado de esa fama efímera y de prestado que proporcionan las redes sociales. Es pura casquería televisiva, es puro aprovechamiento mercantil de unas imágenes ridículas. Y lean bien el artículo 4.3 arriba citado, da igual si el padre consintió, da igual si la madre está encantada, incluso da igual si el niño es feliz, lo que importa es si se lesiona el honor y la imagen del menor, lo fundamental es el interés superior del mismo. Y a los 11 o 12 años el interés de un niño o niña consiste en formarse, en adquirir valores, en madurar. La exposición salvaje de millones de descargas, el famoseo banal, la burla inconsiderada no parece que vayan a contribuir en gran medida a mejorar el niño en nada.

Puede que a Vd. amigo o amiga lectora, esto le parezca la exagerada crítica de un talibán de la privacidad. Si es así, no hay ningún problema tome a su niño o niña más cercano, hijo, hija, sobrino, sobrina, nieto o nieta, incluso por parejas que es más tierno, y asegúrese de tener un trajecito o maquillaje ridículo, o bueno si el menor esta gordito ya tiene un patrón, le da una cancioncilla estúpida lo graba y a ser posible lo sube a YouTube en bruto, sin editar que suele ser más divertido, y de verdad disfrútelo sea feliz haciendo felices a los demás.

Pero si tiene conciencia, si Vd. vio el video, si sonrió con las gracietas de #Zapeando418 y nuestro amigo salchipapero, no lo dude, tiene todo el derecho a sentirse un poquito más miserable que ayer.