Ponga a su hijo en su red social.

Artículo originalmente publicado el Diario el Mundo Comunidad Valenciana 27/01/2014 (ed. papel).

Recientemente pude asistir como espectador involuntario a una escena ciertamente interesante. En el centro de salud sentí nostalgia de mi viejo ambulatorio de Carcaixent. Aquellos vociferantes abuelitos que competían en la consulta de “Penadés” por ver quien estaba más enfermo de lo que fuese, real o imaginario, habían sido sustituidos gracias a la eficiencia de la cita previa en internet por una susurrante conversación sobre cómo instalar en el móvil la aplicación de Facebook. Por su puesto en su enseñanza, la experta de una más que madura edad se acompañaba de la exposición de los perfiles, comentarios y mensajes privados de “todas sus amigas”.

Parece pues, que el estado de madurez del negocio de las redes sociales no viene acompañado de un correlativo aprendizaje de sus usuarios. De una parte, homínidos evolucionados para ser cazadores-recolectores, no somos capaces de establecer de un modo nítido la diferencia entre público y privado. Ni tampoco la que distingue amigo de conocido. Y sobre todo, no hemos aprendido que todo pivota en torno a nuestra capacidad de controlar información.

Este desconocimiento se agrava cuando aquello que compartimos no nos pertenece, cuando se trata de la vida, la intimidad o la imagen de nuestros hijos desde la primera ecografía. No es una conducta necesariamente ilícita, o malvada, sino simplemente imprudente. Si se tiene un perfil cerrado, por ejemplo un círculo del tipo “sólo familia” debo admitir que el riesgo de compartir resulta limitado, aunque yo no lo haría. Pero si Vd. está compartiendo información sobre sus hijos en redes con perfiles del tipo “mis amigos” puede que su círculo sea muy amplio y no haya tenido en cuenta algunos elementos relevantes.

Está contribuyendo a definir un perfil digital, una biografía de su hijo. Un ser humano con el legítimo derecho a hacerse adulto podría ser perseguido eternamente por su mal gusto al publicar la foto de aquel bebe rollizo desnudito. Por otra parte, como padre o madre Vd. no es propietario, es más bien custodio y garante de la imagen y la intimidad de su progenie. Sus hijos son titulares de estos derechos fundamentales incluso frente a Vd. y el recto ejercicio de la patria potestad comporta deberes de abstención cuando la sobreexposición del menor puede resultar perjudicial.

Y este aviso para navegantes es válido también para los educadores. Puede que una imagen pública en internet prestigie el valor corporativo de su centro, puede que ese video tan gracioso en YouTube del acto de fin de curso demuestre lo felices que son sus alumnos. Pero antes de pulsar el botón de aceptar mediten bien si merece la pena esta sobreexposición a la que tan pedantemente llamamos oversharing.