Drones o el cielo argentino de la privacidad.

Con fecha 27 de mayo se publicó en el Boletín Oficial de la República Argentina la Disposición 20/2015, de 20 de mayo, de la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales (DNPDP), relativa a las “Condiciones de Licitud para la Recolección de Datos Personales a través de VANTs o drones”. Se trata de una norma de naturaleza reglamentaria que determina las condiciones que legitiman el tratamiento de datos personales obtenidos por estos medios así como las reglas de actuación.

La norma parte de un principio compartido en nuestro sistema que no es otro que el hecho de que «una imagen o registro fílmico o sonoro de las personas constituye, a los efectos de la Ley N° 25.326, un dato de carácter personal, en tanto se refiere a una persona determinada o determinable». Y en consecuencia también lo estará un tratamiento o fichero. La DNPDP considera necesario abordar la cuestión en razón de las particularidades y eventual peligrosidad de estos medios, ya que:

«los VANTs o drones realizan una peculiar recolección de datos fotográficos, fílmicos y sonoros de personas —en visión aérea y en algunos casos normalmente no detectables— que podrían implicar un importante riesgo para los derechos a la privacidad y a la autodeterminación informativa (…)

a diferencia de una cámara de videovigilancia que se encuentra en una posición fija, estos dispositivos pueden desplazarse, lo que encierra una afectación particular a la privacidad».

El ámbito de aplicación de la norma abarca las actividades de recolección de datos personales que contengan material fotográfico, fílmico, sonoro o de cualquier otra naturaleza, en formato digital, realizadas mediante VANTs o drones, para su almacenamiento en dispositivos o cualquier otro tratamiento posterior. Por tanto, cabe pensar que se trata de una decisión activa. Evidentemente, el responsable ha incluido una cámara en el aparato y capta imágenes. No obstante, se plantea una relación de finalidad ya que se vincula a un almacenamiento. La norma no precisa cuál deba ser el criterio aplicable a la mera emisión de imágenes en tiempo real. Desde una lectura puramente tecnológica cabría diferenciar entre al menos tres supuestos:

  • La emisión directa desde el aparato sin registro a bordo.

  • La emisión directa desde el aparato a un equipo receptor.

  • El grabado de las imágenes en el propio dispositivo en el dron.

Cabe pensar, que el tercer supuesto sería el más frecuente y prácticamente en el 100% de los casos e aplicará la normativa.

¿Qué condiciones legitiman para el tratamiento?

El artículo 1 del Anexo parte del concepto de consentimiento previo. La experiencia española acredita que es un fundamento poco usual en la captación de imágenes por medio de videocámaras. Sin embargo, el Regulador argentino acierta de pleno al considerar esta posibilidad, y no sólo porque sea la primera a tener en cuenta. El uso de cámaras en contextos deportivos, esquiando, corriendo, en pruebas de motor, pone de manifiesto cómo el uso de drones puede aportar valor a ciertas actividades privadas y/o recreativas, la práctica de la escalada, el senderismo, paracaidismo, ala delta etc. son ámbitos abiertos a la captación de imágenes con consentimiento.

También será posible la captación de imágenes sin consentimiento cuando se den ciertas condiciones: 1) que los medios tecnológicos utilizados para la recolección no impliquen una intromisión desproporcionada en la privacidad del titular del dato y 2) que se den ciertos supuestos tasados:

Libertad de expresión:

  • Cuando los datos se recolecten con motivo de la realización de un acto público o hecho sobre el que pueda presumirse la existencia de un interés general para su conocimiento y difusión al público;

Ciertos usos sociales:

  • Cuando los datos se recolecten con motivo de la realización de un evento privado (se realice o no en espacio público) en el que la recolección de los datos y su finalidad, por parte del organizador o responsable del evento, respondan a los usos y costumbres (por ejemplo casamientos, fiestas, etc.);

Seguridad pública:

  • Cuando la recolección de los datos la realice el ESTADO NACIONAL en el ejercicio de sus funciones;
  • Cuando los datos se recolecten con motivo de la atención a personas en situaciones de emergencia o siniestros;

Seguridad privada y propiedad privada:

  • Cuando los datos se recolecten dentro de un predio de uso propio (ej. propiedad privada, alquiler, concesión pública, etc.) y/o su perímetro sin invadir el espacio de uso público o de terceros, salvo en la medida que sea una consecuencia inevitable, debiendo restringir la recolección de datos al mínimo necesario y previendo mecanismos razonables para que el público y/o los terceros se informen de una eventual recolección de su información personal en tales circunstancias. En caso que se prevea el acceso de terceros de la propiedad en forma habitual (por ejemplo un predio deportivo) se deberá informar las medidas de recolección de datos previstas como condición de acceso, en los términos del artículo 6° de la Ley N° 25.326.

Investigación científica (implica disociación):

  • En aquellas recolecciones de datos a través de VANTs o drones que tengan por finalidad la realización de estudios científicos, cartográficos, sobre recursos naturales, medio ambiente o actividades análogas que no tengan por objeto la recolección de datos personales, pero que por razones técnicas, dicha recolección no pueda evitarse, se deberá aplicar sobre dichos datos personales, en el más breve lapso que las reglas del arte lo permitan, una técnica de disociación definitiva (por ejemplo difuminación de la imagen), de modo que no permita identificar a persona alguna mediante su tratamiento.

Fines recreativos:

  • No se aplicarán las disposiciones de la presente reglamentación cuando se utilicen VANTs o drones con fines exclusivamente recreativos y sin la finalidad de capturar datos personales de terceros. En estos casos deberán observarse las recomendaciones que se aprueban mediante el Anexo II de la presente Disposición.

¿Cómo tratar los datos?

El regulador no descuida en absoluto el principio de calidad y lo proyecta sobre la tecnología. En efecto apunta que «los medios técnicos previstos para la recolección de los datos personales a través de los VANTs o drones deberán ser proporcionados, pertinentes y no excesivos respecto de la finalidad que motiva dicha recolección (…) verificando que no afecten el derecho a la intimidad del titular del dato». Es decir, no se trata sólo de qué datos se obtendrán, ni de para qué finalidad, hay que dimensionar el sistema de captación. Por poner un ejemplo extraído de los supuestos de excepción al consentimiento cabe pensar que la cercanía y la calidad de las imágenes no será la misma cuando se grabe una manifestación en la que se están produciendo altercados violentos que cuando únicamente se trate de difundir un evento público en un noticiero.

Se impone un segundo requisito adicional: es necesario prever mecanismos técnicos de seguridad, y aquí las condiciones de emisión, grabación, y pérdidas accidentales del aparato a buen seguro plantean más de un quebradero de cabeza en el diseño de los procesos de grabación.

Además, y esto es probablemente lo más interesante se obliga a los responsables a definir protocolos de actuación ordenados a definir de modo preciso las garantías de cumplimiento normativo en protección de datos:

«Los responsables del tratamiento de recolección de los datos personales a través de los VANTs o drones deberán contar con un manual o política de tratamiento de datos personales y privacidad. Éste deberá contener al menos la siguiente información: finalidad de la recolección, referencia de los lugares, fechas y horarios en los que se prevé que operarán los VANTs o drones, el plazo de conservación de los datos, en su caso las tecnologías a utilizar para la disociación de los datos indicando si es reversible o no, los mecanismos técnicos de seguridad y confidencialidad previstos, y medidas dispuestas para el cumplimiento de las obligaciones emergentes de los derechos del titular del dato previstos en los artículos 14, 15 y 16 de la Ley N° 25.326».

La norma incluye en su Anexo II una breve lista de recomendaciones relativas a la privacidad en el uso de VANTs o drones tras subrayar los riesgos asociados a los drones, y en concreto su capacidad para recolectar datos incluidas conversaciones, sumada a su capacidad de vuelo, que le permite acceder a lugares a los que el ojo humano no llega; y la posibilidad de operar sin ser detectados.

Estos riesgos deben ser entendidos en términos de riesgos a la privacidad y una correlativa responsabilidad para el titular o usuario del VANT o dron. El regulador en este sentido precisa ciertas reglas asociadas al uso recreativo:

  • Si durante el uso recreativo del VANT o dron incidentalmente se pudiese recolectar información de carácter personal y el titular del dato se manifestare en contra, el operador del VANT o dron deberá tomar los recaudos necesarios para evitar dicha recolección, y en caso de haber ya recolectado los mismos, deberá proceder a su eliminación. Las personas mantienen el derecho a la privacidad y a su imagen aún en espacios públicos.
  • El uso recreativo de VANTs o drones deberá hacerse teniendo en consideración las implicaciones sobre la privacidad de las personas, debiendo dar un uso prudencial al mismo, evitando la observación, entrometimiento o molestia en la vida y actividades de terceros.
  • No podrá considerarse uso recreativo si se utiliza el VANT o dron con la finalidad expresa de recolectar datos personales de terceros.

 Asimismo se establecen directrices concretas de uso:

  • El operador de VANTs o drones deberá evitar acceder a lugares que impliquen un riesgo para la intimidad de las personas, como ser ventanas, jardines, terrazas o cualquier otro espacio de una propiedad privada cuyo acceso no le fuere previamente autorizado.
  • El operador de VANTs o drones deberá extremar las precauciones para no recolectar bajo ninguna circunstancia datos íntimos o de carácter sensible de conformidad al artículo 2° de la Ley N° 25.326.                                          Se consideran datos sensibles aquellos que revelan origen racial y étnico, opiniones políticas, convicciones religiosas, filosóficas o morales, afiliación sindical e información referente a la salud o a la vida sexual.               Por esta razón, deberá evitarse la captura de información personal mediante el VANT o dron en establecimientos de la salud, lugares de culto, manifestaciones políticas o sindicales, y en aquellos lugares donde se pueda presumir la preferencia sexual de las personas, entre otros.

Finalmente la norma destaca la existencia de un derecho a la intimidad y a la propia imagen en espacios públicos, de ahí que en estos espacios con alta conglomeración de personas podría tener mayores posibilidades una recolección incidental de datos personales, por lo que el operador deberá extremar las precauciones para resguardar la privacidad de terceros.

Resulta extraordinariamente interesante constatar cómo el Regulador Argentino ha sido capaz de incluir en una norma breve, de contenido claro y preciso, los riesgos que con carácter general se han identificado en lo que atañe al uso de drones. Todo esfuerzo es mejorable, y seguro que la gran riqueza de casos que se darán en el futuro obligará a nuevos esfuerzos de clarificación. Sin embargo, esta Disposición constituye una guía muy clara que puede orientar el criterio en el uso de estos medios y de la que aprender desde España.