Vivir con un profesional de la salud en el horizonte del ébola (I)

Nada más ajeno a este blog, más allá de su relación con los datos de salud, que los recientes acontecimientos relacionados con el ébola. Pero tampoco nada tan cercano como la angustia que día a día se percibe entre los profesionales y sus familiares. Así que no se extrañe el lector, ni de la precisión de algunas referencias, en principio extrañas a la mentalidad de un jurista, ni mucho menos de la acritud y dureza de quien no sólo es mudo testigo día a día de las indignidades de algunas autoridades y gestores sanitarios, sino también víctima potencial de segundo grado en caso de contagio.

Este artículo hay que ponerlo en la cuenta del señor Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid cuya indigna comparecencia y pretenciosa entrevista en La Cadena Ser es el detonante que me hace romper meses de contenido silencio ante tanta barbaridad. El señor consejero con su altanería de médico ególatra, henchido de poder y dinero, ese que puede dimitir porque vino a la política rico y condescendiente expresa la peor de las cobardías, es la hez de la política.

La enfermería de las criadas.

Año tras año, mes tras mes, día tras día debo convivir con aquellos que no han superado una visión decimonónica de la enfermería. Al parecer no se han enterado de que nuestros enfermeros y enfermeras son profesionales, a ver si se lee bien así, UNIVERSITARIOS. Nuestros profesionales de la enfermería son conocidos en toda Europa por su enorme profesionalidad, competencia y formación. El Sr. Consejero, pero también más de un dirigente de hospital los trata como a meros criados, gente de mente débil y pocas entendederas a los que hay que tratar con una mezcla de mano dura y ese paternalismo que aplicamos a los bobalicones. Y otro tanto sucede con los auxiliares. Gente específicamente formada, que desempeña su trabajo con valentía y dedicación.

Y esto es lo que ha hecho el Sr. Consejero, explicar condescendientemente cómo esa inútil, que de eso la ha tratado, que es incapaz de quitarse un traje, que ha ocultado su enfermedad y ha generado una crisis. Para ser alguien tan preparado y elitoso este señor puede que haya pasado por la educación, pero la educación no ha pasado por él. Hasta el más lerdo se da cuenta que el Consejero esté en plena fase de eso tan propio de la política española del “a ni no, que ha sido otro”. Este Sr. cuya gestión de la crisis, antes durante y después no se sostiene, este Sr., que tiempo al tiempo debería acabar en los tribunales, no ha tenido otra ocurrencia que cebarse en el débil, en la persona que hoy podría morir. No hay palabras para calificar esta conducta.

Mejor referir los hechos que uno conoce directamente.

Análisis de riesgos.

En mi trabajo aprendes que ante cualquier riesgo es necesario hacer un balance. La cuestión ciertamente complicada obliga a tener en cuenta la naturaleza del riesgo, la probabilidad de que suceda, y la intensidad del impacto. Bien, no hay que tener muchas luces en lo que afecta a una epidemia mortal para saber que hay que disponer de un plan de contingencia ante cualquier probabilidad por baja que sea cuando el impacto es muy grave.

Lo que no entra en la cabeza de nadie, es que sin ese plan de contingencia te traigas el riesgo a tu país. Y no sólo eso, que lo traigas repatriando a enfermos cuya tasa de supervivencia se aproxima al 0%. Intentar salvar a gente de 30 o 40 años en un estadio inicial de la enfermedad cuando cuentas con instalaciones preparadas para atender un riesgo biológico de nivel 4 parece un riesgo asumible. Si además, cuando aunque sea por razones militares como en el caso de Estados Unidos eres una potencia en la investigación de virus, parece incluso lógico. Pero no puedo evitar preguntarme lo siguiente. Si hemos desmantelado la única unidad en condiciones de atender a estos pacientes, si nuestros protocolos apenas se ensayaron, si ni siquiera se emplean trajes de seguridad de nivel cuatro, y si era obvio que trajimos enfermos terminales, ¿cómo hicimos el análisis de riesgos? ¿Es posible que estuviéramos pensando en ofrecer una imagen política de país avanzado antes que pensando en la seguridad de los ciudadanos?

Y por cierto, desde el más absoluto de los desconocimientos. ¿Cómo es que las unidades militares expertas en el uso de trajes NRBQ no participan en este tema? ¿Cómo es que no se buscó un centro aislado incluso respecto de los núcleos urbanos más poblados donde poder tener en cuarentena vacacional al personal que atendió al enfermo? Y ahora que podríamos tener una epidemia en Madrid, ¿existen planes de contingencia?