Navidad es Navidad.

Cada 24 de diciembre resuena en mi cabeza la canción. Navidad es Navidad, toda la tierra se alegra y se entristece la mar, marinero a dónde vas, dejas tus redes y reza, mira la estrella pasar… Y no, no se le ocurra al amable lector hacer ni media broma, las infancias y adolescencias a la sombra de José Luis Perales son algo muy serio.

Es tiempo de felicitaciones afectadas y formales, de postales físicas o virtuales, de horrendas imágenes circulando en WhatsApp, -créame si viviera Vd. en mi ciudad temblaría de pavor ante el menor sonido de alerta en su móvil-, es tiempo de consumo y colas, incluso ese gran generador de sentidos comunes que es la política se ha empeñado en que la navidad sea feliz a base de constantes repeticiones.

En realidad, la Navidad siempre fue un tiempo en el blanco y negro de películas de Capra, cuentos de Dickens y una televisión nevada, nevada de caspa. La Navidad tiene algo de alegría forzada, de felicidad por decreto, de profecía autocumplida. Yo siempre viví una Navidad de sabores agridulces, de miel y hiel, de grises intensos. En nochebuena recuerdo el camión de bomberos que me regaló mi abuelo, algunos dicen que es imposible que lo recuerde, tenía tres años, y el Ibertren de los seis, y mis navidades de niño pobre desde 1979. En mi mundo había toda una fauna de niños prefigurando el adulto que después encontraría. El niño pobre e imaginativo al que su Exin Castillos le daba para construir naves de Galáctica. El niño rico y egoísta que te dejaba tocar su juguete sólo para que lo envidiases y que en realidad disfrutaba abusando de los juguetes de los demás.

En estos días de Saturnalia la cosecha ha sido recogida, al borde de un buen fuego el campesino satisfecho sabía que podría pasar el invierno. Es tiempo de labores domésticas, de descanso y preparación. Y por un momento hasta los esclavos son parcialmente liberados disfrutan de su particular momento carnavalesco.

Navidad sin embargo con su trampa sentimental, constituye una gran oportunidad. Los cristianos celebran a un dios que se humaniza, que siente el frío y el dolor, que nace cómo cualquiera, más pobre que cualquiera, que llega al mundo en un lugar sucio, entre animales. Si Vds. han visto nacer a un bebé, si lo han tenido aterido e indefenso entre sus brazos en esa primera noche en la que todo dejó de ser fluido, amable y protector para pasar a ser rugoso y ensordecedor, comprenderán la magnitud del evento. Y ese niño pobre y perseguido será el hombre de valores y convicciones el que subrayará el valor central de la solidaridad:

«Entonces el rey dirá a los de su derecha: ‘¡Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde el comienzo del mundo! Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo y te vestimos?, ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis».

En Navidad, todos tenemos derecho a sentirnos buena gente a imaginar por un segundo un mundo cargado de buenos propósitos. Algunos sin duda lo son. Sin embargo, da igual que no sea Vd. un gran tipo, incluso es posible que me lea desde esa especie de desprecio infinito que albergan los depredadores de toda ralea. No importa, engáñese a sí mismo, y sea bueno estos días. Piense en ese niño en la crisis que espera su juguete, venga de donde venga, piense en esas navidades grises de macarrones con tomate frito marca blanca de banco de alimentos. Es muy sencillo, hay donde elegir escoja a su ONG y done algo, haga por un momento felices a los demás.

Y si Vd. ese ese amigo querido que ha llegado aquí desde una invitación personal, por favor siga así, no cambie, el mundo necesita a gente como Vd.