Feliz Navidad y Próspero 2014

¿Cuántas felicitaciones ha enviado Vd. en las últimas semanas decenas, tal vez cientos? Seguramente distingue, todos lo hacemos, entre esas felicitaciones hueras puramente profesionales en las que se pretende ser cortés y amigable, y las que remite a sus amigos y familiares. Estas segundas admiten mil formatos y en su dimensión WhatsApp contenidos ciertamente inconcebibles, aunque generalmente simpáticos.

© Arnau Martínez Benavent

© Arnau Martínez Benavent

Este año, de las segundas no he enviado ninguna. Ni siquiera recuerdo haber hecho algo distinto de una respuesta cortés con unas simples gracias, o un no menos telegráfico feliz Navidad o feliz Año. La Navidad provoca sentimientos ambivalentes. Es el momento del año en el que todo muere y al tiempo todo se prepara para nacer. Por fin, el Sol Invicto le gana la partida a la Noche y los días comienzan a crecer.

El duro invierno y la carencia de sol hicieron de la Navidad un momento de recogimiento y familia. Si la cosecha fue buena y las despensas están llenas celebremos. Si no fue así sobrevivamos. En estos días recordamos nuestra infancia, buena o mal, y a los seres queridos que ya no están con una suerte de dulce melancolía.

Estas Navidades son inevitablemente tristes no hay mucho que celebrar. En televisión las noticias parecen sacadas de un telediario de 1980, si no del NODO. Comedores sociales que abren para que los niños puedan comer, los españolitos que regresan a casa por Navidad o lloran el duro exilio de la exclusión económica por no hacerlo, organizaciones de caridad repartiendo juguetes o aguinaldos con su turrón y todo, las remesas de dinero de la emigración…

En esta melancólica Navidad en Blanco y Negro de 2013, dos anécdotas personales me hacen pensar y mucho en qué felicitación debería haber mandado a amigos y familiares. La primera, es una broma estúpida que circula por las redes sociales:

 La segunda me sucedió hoy 31 de diciembre a las 7.30 de la mañana. Una persona de color, un nigeriano, se me ha aproximado en el momento de tomar el coche. Era una persona enteca, de una serenidad triste y temblorosa a la vez. Exhibía papeles, que he podido leer y verificar, me contaba desesperado que su permiso había caducado, que la policía lo había echado de la Comisaría sin prestarle ayuda, -hay una comisaría de la GVA sin competencia en la materia a 300 m.-, y que dormía en el parque a la intemperie. Nuestro inmigrante ha roto a llorar, y arrodillado decía que Dios, sea cual fuera éste Dios, no le iba a abandonar, que le ayudaríamos.

¿En qué simulacro vivimos? ¿Nos satisface la grandilocuencia de la política celebrando los grandes éxitos de la economía? ¿Podremos comer los langostinos sin que se nos indigesten? ¿Es posible que a fuerza de tanta noticia todo se despersonalice, que todo nos importe un carajo?

Pero, puesto que celebramos la navidad cristiana, es en las fuentes donde debemos buscar la respuesta y allí en Mateo 25, está mi felicitación de Navidad, la que no he enviado a nadie este año.

 25:34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 

25:35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 

25:36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 

25:37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 

25:38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 

25:39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 

25:40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

 Así que estimado lector, no te voy a desear un feliz y próspero 2014. Para este 2014 sólo deseo, seas o no cristiano, que des de comer al hambriento, que si puedes ofrezcas un trabajo al que lo necesite, que ayudes a quien tengas cerca, que pienses que el inmigrante e incluso el delincuente son víctimas, que sientas el dolor de los enfermos y de los desheredados.

Porque si lo haces así, lo demás se te dará por añadidura.