False Light in the public eye y derecho al olvido

Ricard Martínez.

 

William Prosser («Privacy», en California Law Review, vol. 48, 1960, págs. 383-423) define cuatro categorías de Tort. Estas cuatro categorías de “tort” son la intrusión en la soledad o retiro, o en los asuntos privados, la difusión pública de hechos privados, la información que da una imagen falsa del afectado ante los ojos del público –o “False Light”-, y, por último la apropiación en beneficio propio de la imagen o el nombre ajenos. El autor concluye que, puesto que cada uno de los cuatro supuestos puede darse independiente o conjuntamente con los demás, lo que ha sucedido es que sobre un único concepto, la privacy, los jueces han amparado cuatro supuestos diferenciados de responsabilidad.

En el caso del false light se trata del daño que se deriva de dar una imagen pública falsa de un sujeto atribuyéndole obras o hechos que no se corresponden con la realidad y no implica necesariamente la presencia de difamación. De hecho la categoría nace de la necesidad de superar los estrictos límites que se imponen a ésta y al libelo.

La doctrina de la época estaba muy lejos de concebir lo que se podría definir como un false light diferido o generado por agregación de contenidos que permanecen de modo indefinido en el mundo internet. En este sentido, el concepto de biografía digital podría dotar de un nuevo sentido al concepto.  Para un mejor entendimiento de la cuestión es necesario un contraste de la realidad histórica en que  surgen el derecho a la vida privada y los torts vinculados a éste y la realidad actual.

En los 100 años posteriores al artículo de Warren y Brandeis (The right to privacy, 1890) la realidad del derecho a la información  es física, tangible. Para poder consultar una hemeroteca de un medio de comunicación, -ya sea radio, prensa o televisión-, es necesario desplazarse a un archivo localizar ciertos registros y consultarlos. La protección de nuestra privacidad es reactiva y exige un ajuste basado en el tiempo real. Los plazos para el ejercicio del derecho de rectificación son breves y dependen del momento de publicación y la responsabilidad civil por daños obviamente prescribe. Además transcurrido un cierto periodo de tiempo la información pasa a ser historia, acumula polvo en los anaqueles y desaparece de la memoria pública.

La realidad actual es muy distinta. Para empezar los agentes en juego se multiplican y la Web 2.0 conlleva el nacimiento de un periodismo informal proporcionado por blogs, agregadores de noticias (Menéame), redes sociales, twitter… Además, las hemerotecas son digitales, todo está en ellas, todo el tiempo, cada palabra pronunciada, cada gesto, cada hecho son recuperados en cuestión de segundos. Por otra parte, los buscadores externos, -Bing, Google etc.-, indexan con mayor eficiencia esa información que los propios medios y la sirven al mundo entero en milésimas de segundo. Podría decirse que la reputación de una persona depende en este orden del número de referencias directas en el buscador, de qué registros sirve la primera página, y finalmente, del contenido concreto de los mismos.

Y aquí entra el juego el concepto de biografía digital y de false light diferido o seguramente sea más preciso decir que contextual. La biografía digital en la práctica y nos guste o no se compone de lo que de nosotros digan las dos primeras páginas de un buscador. Desgraciadamente nadie posee tiempo ni paciencia para ir más allá.

En ese contexto que ocurre si entre las primeras referencias existe una del tipo “el señor X imputado por corrupción”. Pinchamos la referencia y resulta ser una noticia de hemeroteca que en ningún caso enlaza con otra noticia del tipo “el señor X absuelto sin cargo alguno” porque no se ha previsto o simplemente porque el medio no lo publicó.

Es evidente que probablemente ya no estemos en plazo para rectificación o acción civil alguna, pero no lo es menos que la presencia de esa información sin un contexto global y con la presencia que le da la capacidad de indexación del buscador ofrece esa imagen falsa a la que se refiere el false light.

Por otra parte, puede tratarse de una información perfectamente legítima, ya que la imputación de una determinada persona es un hecho cierto y además bajo ciertas condiciones de relevancia pública. Por otra parte, es indudable que en si misma la publicación posee un valor histórico y, por tanto, todo apunta a la necesidad de preservar la memoria histórica publicada de una sociedad.

En un supuesto de esta naturaleza y ante la dificultad de importar institutos jurídicos propios del Common Law importar ciertos principios del derecho fundamental a la protección de datos personales pueden resultar particularmente útiles. En el caso del ejemplo veracidad periodística y veracidad material no se corresponden causando con la ayuda del buscador, un daño en la imagen pública de la persona afectada derivado de la diferencia entre lo publicado y la realidad material.

En cambio, podemos resolver si aplicamos en origen el principio de calidad de los datos en origen se acompañe o no del ejercicio de un derecho de rectificación o de cancelación mediante anotación marginal, como en el caso de las partidas bautismales.

Dicho de otro modo y volviendo al caso práctico. Si nuestro “imputado” se dirigiese al medio de comunicación y acompañando documentación acreditativa de su absolución solicitase incluir en la noticia de la hemeroteca este hecho con una frase lo suficientemente clara y visible el problema podría salvarse respetando todos los derechos en presencia, con un coste relativamente bajo y sin necesidad de apuntar al buscador con las dificultades que ello plantea.

El False Light en las hemerotecas virtuales existe. Es necesario que pueda ser resuelto por el propio medio mediante una indexación semántica adecuada que relacione noticias o mediante anotaciones marginales destacadas, por las autoridades de protección de datos personales allí donde las peticiones no se atiendan y en última instancia por el legislador.