El valor de un certificado

No es la primera ocasión en la que en este blog se reflexiona sobre la calidad de la formación y muy particularmente en el caso de aquella que se ofrece en modalidades que podríamos definir cómo de fast-learning. Se trata de que Vd. se pueda convertir en experto en cinco minutos o a lo sumo en una semana o en un trimestre. Evidentemente, es exigible desde el punto de vista de la honestidad intelectual que quien escribe esto tenga sus inevitables intereses como formador y que por tanto este post merezca una lectura desconfiada. En cualquier caso, la solución a esta natural duda se encuentra en el lema de aquel anuncio tan antiguo como certero: busque, compare y si encuentra algo mejor…

Hoy la reflexión se centra en la línea de la pareja formación+certificado. Vivimos rodeados de certificados que me recuerdan infancia. En mi pueblo la sala de espera de las consultas médicas privadas, o la del dentista, se tapizaban con barrocos certificados colgados en ostentosos y recargados marcos. Para el pobre ignorante aquello era cómo la confirmación de encontrarse en casa del más sabio de entre los sabios. Hoy con la perspectiva de los años y la formación universitaria uno cae en lo rematadamente ridículo que es poner una pared un certificado sin valor real. Y no deja de preocupar que ese papanatismo trascienda el mundo profesional especialmente cuando tras él puedan existir intenciones aviesas y se esté haciendo confiar a futuros clientes en títulos cuyo valor es inferior al del papel en el que se imprimieron.

Estas operaciones no son en absoluto neutrales. En alguna ocasión encubren un interés empresarial muy determinado. Se trata de excluir a la competencia con una sabia combinación en la que bajo el paraguas de la propia desvergüenza en los casos más extremos, y de una aparente estructura asociativa o fundacional neutral se ofrece formación+certificación e incluso se convierte en cliente al formado.

En otras, se aprovecha la confianza de otras instituciones, como universidades o reguladores, siempre dispuestos a confiar en la sociedad civil y acogerla en su seno, pero muchas veces poco rigurosos en la verificación de las condiciones de calidad de quien les plantea la propuesta formativa. En estos casos, desgraciadamente, es esa presencia institucional la que favorece aún sin quererlo potenciales en engaños.

Y uso la palabra engaño porque una persona no puede convertirse en experto en protección de datos en 30 horas, ni tampoco en 100, especialmente cuando no se le requiere una formación sólida previa. En este periodo, podrá familiarizarse con la música y la letra pero desde luego no adquirirá las habilidades necesarias para la interpretación. En este sentido, estos cursos con altísima presencia institucional y precios astronómicos, a veces sobre normas en tramitación cuya versión posterior al curso incorpora cambios sustanciales sobre la estudiada, no sirven para capacitar a quienes poco o nada sabían. Pueden ser cruciales para una estrategia de networking, pueden resultar esenciales desde el punto de vista de la inteligencia de negocio y tener un enorme valor para la prospectiva sectorial. Pero para lo que no sirven es para formar a quienes nada saben, y desde luego para certificar capacidades.

Lo fundamental, lo que se le debe exigir a la combinación curso+certificación es tan obvio y tan antiguo como el ir a escuela, y cae por su peso. Así, lo primero que a uno se le viene a la cabeza de modo un tanto desordenado, es la posibilidad de suspender. No es posible, ni creíble, ni viable que un curso de capacitación que emite un certificado de aptitud no pueda ser suspendido, se apruebe fácil y casi nos garantice el título al hacer un ingreso bancario.

En segundo lugar, y en relación con lo anterior, la metodología es crucial. ¿Cómo se han seleccionado a los profesores? ¿Existe algún procedimiento de acuerdo con criterios explicables y objetivables? ¿Cómo se otorga el certificado? ¿Se trata de una metodología verificable que asegure la vigencia de los principios de mérito y capacidad y garantice un procedimiento independiente de cualquier interés económico o empresarial?

Por último, adquiere una importancia crucial la calidad de los contenidos y la capacidad del profesorado. Si esto no está contrastado, por mucho aval universitario o institucional que exista, la oferta no será de fiar. Y no se confunda el lector, la presencia de altos cargos de todo tipo y estrellonas varias no es garantía de nada. Son necesarios, pero como en todo guiso el equilibrio de los ingredientes es fundamental. A mí siempre me preocupó definir que es un buen profesor, y honestamente me obsesiona el no serlo. Y el cargo no imbuye per se de esas capacidades. Es el conocimiento, y sobre todo el conocimiento práctico cuando se va a formar en competencias lo que nos debería importar.

Por ello, existen cautelas que resulta aconsejable seguir. La primera consiste en no dejarse cegar por palabras como certificado, título oficial, e incluso ANECA. Ciertamente disponer de un título oficial del modelo Bolonia acredita de modo oficial nuestro conocimiento e incorpora garantías metodológicas importantes, y que este rigor puede ir desciendo en ciertos títulos propios, y en ofertas de libre mercado cuyo valor jurídico es nulo. Incluso en el territorio de las certificaciones asociativas no hay que dejarse deslumbrar. Hay que verificar la transparencia del proceso, el rigor en su exigencia, la independencia de criterio de los certificadores y el val académico e institucional.

La segunda, es evidente, revise el programa. Si le prometen saber todo en protección de datos en 10 días o dos meses, desconfíe, sencillamente es imposible. Asegúrese de los contenidos, cuidado con las frases rimbombantes y los anglicismos si después no hay un desglose preciso de los contenidos. Compare el programa con el índice analítico de las normas a las que afecta, con la información disponible en el regulador, con el índice de las mejores monografías publicadas… No se deje deslumbrar, vaya al fondo del asunto.

Y por último, atienda al cuadro docente y asegúrese de que incluya profesorado con una trayectoria consolidada y que reúna al menos dos perfiles de profesionales. Primero investigadores y docentes con una trayectoria en la materia. Y para asegurarse es muy sencillo acuda por ejemplo a Google Scholar o a Dialnet y verifique allí. Por otra parte, será esencial que incorpore profesionales de reconocido prestigio.

Y sobre todo, no confunda las estrategias de venta con sus propios intereses. Si Vd. busca bueno, bonito y rápido puede haber encontrado su Eldorado. Pero lo que busca es ser un buen profesional, escoja con cabeza, y escoja bien, incluso así uno a veces se equivoca.