Pido perdón.

Durante años nos hemos aproximado al sexting con un enfoque preventivo centrado en el riesgo. La idea era relativamente sencilla y típica del enfoque lineal que tantas veces aplicamos en protección de datos. Si el riesgo consiste en la circulación sin control de imágenes sexualmente explícitas la medida de protección es evidente:

1.-No grabar este tipo de imágenes.

2.- En caso de hacerlo se requiere un contexto de absoluta confianza y no almacenar la grabación en dispositivos conectados.

Hoy el suicidio de una trabajadora de IVECO expuesta a la salacidad, hipocresía y machismo del entorno, hace tambalear mis convicciones y reflexionar sobre el enfoque que debería aplicarse. La vida sexual, el modo de expresar el amor o la pura búsqueda del placer forma parte de nuestra intimidad. Es un espacio ajeno a la injerencia de cualquier tercero y que debería ser inmune a nuestros prejuicios y pulsiones.

En la noche del 30 de mayo en la radio y en twitter me encontré con una idea común y recurrente: sí, la mujer es una víctima, pero de ello deberíamos aprender a qué no podemos hacer estas cosas. Hay un riesgo inherente y casi seguro para una mujer de ser agredida mediante la captación y compartición de estas imágenes: no lo hagan. Y entonces caí en la cuenta de que durante años he estado abordando sólo la mitad del problema. Y del mismo modo que media verdad es la peor de las mentiras, media solución implica caer exactamente en el mismo machismo que se pretende prevenir. Y, cuando nos equivocamos, aunque sea a medias, debemos pedir perdón. Y yo aquí y en público debo pedir perdón por muchas razones:

1.-Porque la decisión de “no grabarse” o no compartir constituye sólo una visión parcial de la cuestión.

2.- Porque identifica el problema, -el comportamiento machista de los que traicionan la confianza de la mujer-, pero sólo aporta la mitad de la solución.

3.- Porque esta aparente solución descansa en la coerción de la libertad sexual de la mujer y convierte su imagen y su cuerpo en un objeto que hay que proteger.

4.-Porque no ponen en valor la solución integral la que obliga a formar adecuadamente al varón a hacer entender que no habrá libertad, tampoco en el amor, si no aprendemos a respetar la dignidad del otro.

5.-Porque no subraya con suficiente énfasis los roles implicados, criminaliza una conducta sexual manteniendo los roles tradicionales. El de la mujer sumisa y víctima y el del hombre dominante que tiene en sus manos el poder de mancillar la honra y dignidad de su pareja.

Recuerdo nítidamente las primeras ocasiones en las que me planteé abordar estas materias (2007-2011) ¿y saben Vds. que pasó hasta hoy? Es obvio: nada. Todo ese esfuerzo preventivo, guías para profesores, guías para padres y menores, rondas policiales por colegios e institutos, contundentes declaraciones de los reguladores, parece no haber servido para nada.

No hay que ser expertos en sociología para apreciar como la cosificación, cuando no la vejación de la mujer es una constante en internet. Hemos normalizado la explotación sexual en video. E incluso en este caso que hoy nos conmociona no nos atrevemos a decir la verdad. Y lo cierto es que esto no sólo es una revelación de secretos, no sólo es un delito contra la intimidad, es una manifestación clara de violencia contra una mujer socialmente compartida. Aquí no hay un solo agresor. Lo son quienes distribuyeron, y quienes compartieron. Cada una de las personas que hipócritamente vieron, comentaron o se enviaron ese video con una mirada sucia. Con una mente enferma que convertía amor o disfrute sexual en prostitución. Cada una de las sonrisitas despectivas, o miradas cómplices.

Y por esto pido perdón. Porque a pesar de defender la necesidad de una educación basada en el respeto y la dignidad del otro, subrayé demasiadas veces las medidas de autoprotección. El verdadero riesgo se encuentra en quienes vulneran la dignidad y traicionan la confianza. En quienes convierten una relación humana de cualquier tipo en algo sucio, explotable, vendible. Así que ni ahora deberíamos poner el foco en la mujer, ni podemos limitar nuestros esfuerzos a la autoprotección.

Da la impresión que mientras todo parece apuntar a un crecimiento de la igualdad, a una consolidación del camino hacia ella, existe una corriente subterránea en internet que circula en sentido contrario e incluye a nuestros adolescentes. Y eso no se resuelve con una inspección, ni con portalitos de internet, ni con declaraciones buenistas. Lo sabemos desde hace años. No basta con un enfoque centrado en el riesgo y la autoprotección, únicamente el compromiso fuerte con una educación basada en el respeto a la dignidad será eficaz. Los gestos simbólicos ahora que tenemos una muerta sobre la mesa son estériles, debimos hacer algo mucho antes, teníamos herramientas. Es hora de admitir nuestros fracasos y pedir perdón.

El legislador nos ha dado una herramienta ¿La aprovecharemos?