Ya somos 400. #soyAPEP

* Nota previa. Este artículo responde exclusivamente a la iniciativa individual de su autor que expresa una opinión puramente personal que no vincula a ninguna otra organización.

Hoy se celebra uno de los dos eventos anuales de referencia para la privacidad España: la Sesión Anual de la Agencia Española de Protección de Datos. A este evento en los últimos años han venido asistiendo de 800 a 1000 personas. De estos profesionales de la privacidad casi la mitad podrían ser asociados de la Asociación Profesional Española de Privacidad. En este mes de junio la asociación ha superado por primera vez los 400 asociados convirtiéndose sin duda en el ente asociativo de referencia para los profesionales de la privacidad en España y en una de las asociaciones más sólidas, potentes, y eficientes, en el panorama europeo de la privacidad. El asociacionismo profesional ofrece la oportunidad única de conformar un colectivo que pueda abordar con rigor y profesionalidad los retos que plantea el Reglamento general de protección de datos a las entidades públicas y privadas en España.

Pertenecer a la Asociación Profesional Española de Privacidad y formar parte de sus Juntas Directivas ha sido una permanente fuente de orgullo y satisfacción. A lo largo de estos años me he preguntado de modo regular ¿por qué como profesional debo estar asociado a la APEP? Y no crea el lector que la respuesta es sencilla. Al contrario, es una pregunta formulada desde un permanente cuestionamiento crítico. Y el hecho es que son muy diversas y variadas las razones aconsejan asociarse y hacerlo en una asociación concreta como ésta. APEP es una organización que ha alcanzado con el tiempo una madurez que la hace confiable desde muy distintas perspectivas.

En primer lugar, hay que referirse a su carácter plural y diverso, al hecho de que acoge en su seno a profesionales procedentes de muchas áreas de conocimiento. Este abierto carácter multidisciplinar incluye desde la informática al derecho, el sector público y el privado, la investigación y la docencia. Esta riqueza humana permite vivos debates asociativos y una aproximación plural a una realidad en esencia es tan poliédrica cómo la privacidad y la protección de datos. La privacidad no es patrimonio de unos pocos, la privacidad no es propiedad de un determinado sector profesional como algunos pretenden. Al contrario la privacidad exige un enfoque plural, un entendimiento desde múltiples puntos de vista. Lo fundamental en nuestro mundo es ser capaces de promover una colaboración creativa capaz de generar riqueza en la aproximación para abordar la complejidad de los problemas, y hacerlo para lograr resultados que por contra resulten sencillos, aplicables, confiables, y sobre todo, dirigidos a garantizar los derechos fundamentales de las personas.

Por otra parte, APEP es una asociación que incorpora no sólo un código deontológico profesional de referencia sino que con el tiempo ha desarrollado un código ético interno no escrito cuyo valor es crucial. En APEP la regla “una persona un voto” es mucho más que una declaración estatutaria. En APEP cada asociado tiene voz, de la iniciativa individual de cualquiera de sus asociados puede nacer una actividad, un debate, un curso, una iniciativa, una comisión de trabajo especializada… En APEP el liderazgo es un liderazgo participativo al servicio de la comunidad alejado de ombliguismos, lejos de esa tan común auto-atribución de prestigio mérito personal mediante la explotación de la imagen pública de una asociación. En APEP el prestigio social y la imagen corporativa repercuten en todos y cada uno de los asociados por igual y en todo caso en el de aquellos que con su dedicación y trabajo al servicio del colectivo dedican esfuerzo voluntario a promover el conocimiento y el cambio.

La asociación ha desarrollado un modelo de formación caracterizado por estar orientado a las competencias y capacidades y por ser controlado por un Consejo Asesor que valida tanto los contenidos como al profesorado. Los procesos de selección de este se rigen por los principios de mérito y capacidad en un concurso público abierto lo que garantiza condiciones de objetividad en la elección del plantel docente. Asimismo se ofrece a la sociedad un modelo de formación continua online flexible y dirigido a potenciar altas capacidades en los profesionales que asisten a los cursos. Por otra parte, se trata de un modelo sujeto a control de calidad, a verificación por parte del estudiante de las condiciones en las que se desarrolló el curso de la variación de la calidad docente y de contenidos del mismo. Además para APEP la formación no es un negocio, la persona asociada es lo primero y se dimensiona el esfuerzo de modo tal que las personas vinculadas asuman como coste exclusivamente el mínimo imprescindible para garantizar la viabilidad económica de la actividad.

Por otro lado, el modelo de formación es funcional a un modelo de certificación basada en criterios de rigor, independencia, capacitación para las competencias, y publicidad. De nuevo un Consejo Asesor valida las condiciones de cada certificación y por otra parte la revisión de las cualidades de cada aspirante es sometida a la consideración de expertos independientes sometidos a un código ético y a incompatibilidades ordenadas a garantizar su objetividad. Certificarse exige la acreditación de una capacitación previa cuando se aspira obtener la misma por la vía del Gran Fathering. De este modo el conocimiento de la materia de protección de datos no se presume, debe ser demostrado exhibiendo una titulación habilitante o bien superando los exámenes de la propia certificación. La experiencia ha sido perfectamente estratificada en distintos conceptos en un baremo que es público y que ofrece a cualquier aspirante la posibilidad de verificar de modo riguroso y confiable que ha sido correctamente evaluado. Por tanto se trata de un modelo certificador que aúna en su seno independencia respecto de la organización, calidad en sus contenidos y competencias, y un proceso riguroso y confiable de acreditación.

Por último, y no por ello menos relevante resulta fundamental entender un modelo que ha centrado el protagonismo de la vida asociativa en la persona asociada como destinataria y el objeto de todas y cada una de las acciones. De este modo pensando en la calidad del profesional las actividades de APEP, comenzando con el boletín semanal de información actualizada y de carácter internacional que se recibe por parte de cada asociado, cada evento, cada debate, cada encuesta interna realizada por esta organización y, como no, el Congreso Nacional de privacidad constituyen hitos que van definiendo un modelo de alto prestigio, calidad y eficiencia. La propia presencia de APEP en los medios de comunicación, basada siempre en el rigor de su juicio, en la independencia de criterio, y en un enfoque profesional de los asuntos, evidencia finalmente cómo este modelo ético interno y externo repercute sobre el prestigio del colectivo ofreciendo a la sociedad un marco de confianza en un determinado sector profesional.

Al margen, del modelo de servicios no es ocioso recordar que la Asociación Profesional Española de Privacidad ha sido la única organización que ha estado con los profesionales en los tiempos difíciles del Coste Cero. Con mayor o con menor acierto, pero siempre en una lucha desigual frente a la corruptela, sin cejar ni un segundo. Y esto querido lector, permítame decirle que carece de mérito alguno. Lo que resulta sencillamente sorprendente es la soledad en la lucha. La absoluta carencia de apoyo de quienes supuestamente defienden los intereses profesionales de expertos en privacidad no asociados a APEP. La Asociación Profesional Española de Privacidad ha servido con honestidad y generosidad a todo el colectivo asociado o no, y merece reconocimiento por ello.

Los profesionales de la privacidad abordan un reto particularmente complejo para los próximos dos años. No se trata exclusivamente el reconocimiento de la figura del delegado de protección de datos, que a mi juicio debe ser una figura regulada por la ley estatal y de geometría variable. Se trata de ofrecer un horizonte de formación y capacitación que nos convierta en mejores profesionales. Sólo desde una plataforma sólida, plural, y no excluyente podrán los profesionales de la privacidad afrontar desde la fortaleza asociativa los retos que plantea el Reglamento. La Asociación Profesional Española de Privacidad se ha convertido en referente de primer nivel para el gobierno de España y para muchas instituciones de carácter público o privado. En ese sentido la colaboración constante con las autoridades de protección de datos, la participación en las comisiones generadas con motivo del desarrollo de la aplicación del Reglamento general de protección de datos en España, y la constante interlocución con el Ministerio de Justicia, así como la participación en actividades del Ministerio de Industria o de Red.es avalan el prestigio corporativo de la asociación. Su conexión europea como fundadora de la Confederación Europea de Asociaciones de Delegados de Protección de Datos cierra un círculo virtuoso.

Así que querido lector, la respuesta de este año a mi pregunta es que me siento orgulloso de decir que yo #soyAPEP.